El Impacto de
Martín Lutero
y la reforma al
Culto Cristiano
Por Rev. Jim Presnell
El Dr. Martín Lutero y La Reforma tuvieron un gran impacto sobre la teología Cristiana, enfocando a la gente de Dios una vez mas en
el mensaje bíblico que dice que nosotros somos salvos solamente por la gracia de
Dios y solamente a través de la fe en Jesucristo.
Dondequiera que el mensaje de la salvación por medio de la fe en Jesús es el enfoque principal de la predicación y enseñanza, debemos de darle gracias a Lutero y la Reforma por haber renovado este enfoque bíblico en la vida del pueblo de Dios.
Lutero y la Reforma también tuvieron un gran impacto en la vida espiritual del pueblo de Dios haciendo énfasis en la necesidad que la Biblia sea traducida al idioma común de la gente para que pudiese ser leído y estudiado por todos no únicamente aquellos que sabían Latín, Griego y Hebreo. Hoy día, tenemos la Biblia en español y cientos de otros idiomas alrededor del mundo por el deseo profundo de Lutero de poner las Escrituras en las manos de todas las personas.
Pero Lutero y la Reforma además tuvieron un gran impacto en las costumbres de adoración de los cristianos.
Al reformar a la iglesia, Lutero enfatizó la necesidad de mantener todos los elementos positivos en las enseñanzas y la alabanza de la iglesia, cambiando solo lo que era necesario para asegurarse de que el enfoque estaba en la salvación por gracia a través de la fe en Jesucristo y que todo el mundo pudiese escuchar y entender este mensaje de salvación claramente.
Por lo tanto, Lutero quería que tres cosas ocurrieran en términos de la reforma a la alabanza Cristiana dentro de la iglesia. Primero, al igual que con la Biblia, él quería que cada aspecto del culto estuviese en el idioma común de la gente, el idioma que les habla al corazón. Ya que todo el propósito del culto es de entrar en la presencia de Dios, de escuchar a Dios hablar por medio de Su Palabra y la predicación de su mensaje y de responder a lo que Dios nos ha dicho con nuestras propias palabras de adoración y de acción de gracias y de compromiso. Nuestro corazón tiene que estar involucrado en la adoración al igual que lo esta el corazón de Dios. Y para que nuestro corazón este involucrado en la alabanza, se debe llevar a cabo nuestro culto en el idioma de nuestro corazón, el idioma que usamos cada día.
Durante siglos, el único idioma utilizado en el culto fue el Latín, así que solo aquellos que sabían el Latín podían participar a cabalidad en el culto. El resto de la congregación eran meros observadores del culto. Pero Dios no quiere que nosotros seamos meros observadores del culto. Él quiere que seamos participes de lleno en el culto, alabándole con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente. Por ende, en 1525 Martín Lutero creo un servicio de adoración en Alemán, y desde ese momento en adelante el culto empezó a llevarse a cabo en el idioma común de la gente. Hoy en día, alabamos en el español y cientos de otros idiomas de alrededor del mundo a causa de lo que Martín Lutero empezó en 1525.
La segunda cosa que Él quería para el culto era que la predicación de las Buenas Nuevas de Jesús fuese uno de los elementos más importantes del servicio de alabanza, junto con la celebración de la Santa Cena. Durante siglos antes de la Reforma, la predicación del Evangelio se había disminuido en importancia en el culto (en la adoración y en la alabanza), dejando a la Santa Cena como la única “cima de montaña” en el culto. Pero desde el punto de vista de Martín Lutero, los cultos deben tener “cimas de montañas gemelas” la predicación y la Santa Cena. Como San Pablo destaca en la carta a los Romanos 10:17 “así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Por lo tanto, hay que darle a la gente un mensaje de Buenas Noticias, un sermón de buenas noticias en el idioma de su corazón en cada culto de alabanza. Ya que en realidad este es Dios comunicando su amor y misericordia y gracia a su pueblo el mismo amor y misericordia y gracia que se siente en el cuerpo y la sangre de Jesús dada en la Santa Cena. Escuchamos buenos sermones ahora mensajes que proclaman las Buenas Noticias de salvación por medio de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús. Estos sermones son compartidos en Español y cientos de otros idiomas alrededor del mundo por el énfasis puesto por Lutero en la importancia de buenas predicaciones durante el culto.
Lo último que quería Lutero para el culto era que la gente estuviese cantando sus gracias y alabanzas en la música de su propia cultura e idioma.
Antes del tiempo de Martín Lutero y la Reforma, había himnos tradicionales en el idioma común, pero estos himnos tradicionales realmente no eran una parte central del culto de alabanza. Eran cantados en peregrinajes y en procesiones y a veces para ocasiones especiales durante el culto. Otro estilo de himnos tradicionales sagrados el villancico también se había convertido en parte popular de dramas y obras teatrales Cristianas. Lo que Martín Lutero y la Reforma realmente hicieron fue simplemente fomentar un mayor uso de lo que ya era popular,haciéndolo una importante parte del culto de alabanza. De hecho, Lutero escribió a varios músicos y compositores Alemanes conocidos para animarles a escribir himnos de alabanza en Alemán y para componer algunos himnos de los Salmos y otros versos Bíblicos claves. Lutero dijo, “La música es un don de Dios, no un regalo del hombre. La música ahuyenta al diablo y hace a la gente feliz. Después de la teología le doy a la música el puesto principal y el más grande honor.”
Lutero no solo animó a los músicos y compositores a escribir música para el culto, él mismo escribió mas de treinta himnos de adoración y alabanza, incluyendo el famoso
“Castillo Fuerte.”
A veces las palabras eran adaptadas de versos bíblicos o tomadas de cultos de adoración existentes. Él escribió algunas como parte de su vida devocional y de oración. Al igual que las palabras, la música provenía de diferentes fuentes. Lutero compuso algunas de las músicas el mismo, y también usaba melodías compuestas por otros. El también usaba melodías populares y tradicionales que todos conocían. Una vez mas, Lutero dijo, “El don del lenguaje combinado con el don de la música solamente fue dado a los seres humanos para dejarles saber que deben alabar a Dios tanto con las palabras como con la música, principalmente, proclamando la Palabra de Dios a través de la música y proveyendo melodías dulces con palabras.” En el prefacio al Himnario de Wittenberg (1524), Lutero dijo, “Como Moisés en su canto (Éxodo 15), ahora podremos gritar que Cristo es nuestra alabanza y canto y cantar con San Pablo (en I de Corintios 2), 'me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” Hoy en día, canta-mos canciones de alabanza en el lenguaje de nuestro corazón, usando las melodías de nuestra cultura y herencia nativa al igual que creyentes alrededor del mundo cantan sus canciones de alabanza (de adoración) en el idioma (lenguaje) y melodías de su propia cultura a causa de lo que Martín Lutero tan energéticamente fomento en la Reforma. El pueblo de Dios debería ser un pueblo cantante y cantan mejor en el culto cuando cantan usando sus propios idiomas y melodías.
No cabe duda de que todos los creyentes hoy en día, sin importar su denominación, le deben una deuda de gratitud al impacto que el Dr. Martín Lutero y la Reforma han tenido en nuestra vida espiritual de adoración al Señor.
Alabamos en nuestra propia lengua la lengua que nos habla al corazón; escuchamos las Buenas Noticias de salvación en Jesucristo, predicadas en nuestro propio idioma el idioma que nos habla al corazón; y cantamos canciones de alabanza en nuestro propio idioma con nuestras propias melodías en el lenguaje y las melodías que nos hablan al corazón todo a causa de lo que comenzó con Martín Lutero y la Reforma.
“El don del lenguaje combinado con el don de la música solamente fue dado a los seres humanos para dejarles saber que deben alabar a Dios tanto con las palabras como con la música, principalmente, proclamando la Palabra de Dios a través de la música y proveyendo melodías dulces con palabras”,
Martín Lutero.